lunes, noviembre 27, 2017

Reseña # 700: La novia de Frankenstein (1935)

Como comentábamos habe ya mucho tiempo, Frankenstein (1931) tue la primera gran película de horror de los monstruos clásicos de Universal, aunque la mayoría de críticos e historiadores siempre han sostenido que fue su secuela, La novia de Frankenstein (1935), la que alcanzó el punto más alto de esta edad de oro del terror en blanco y negro de los años treinta, y al igual que su predecesora terminaría dictando el estándar por el cual habrían de regirse todos los trabajos siguientes del estudio. Es también considerada por este motivo no sólo la mejor y más icónica de su ciclo, sino también la cima de la carrera cinematográfica de James Whale, un director por siempre asociado al imaginario que ayudó a crear con esta continuación.

Por todos estos motivos, resulta increíble pensar que esta fue una película con muchos problemas durante su producción, empezando con un guión que tuvo que ser reescrito en varias ocasiones durante años hasta finalmente llegar a la versión que conocemos hoy. Esto se explica en parte si tenemos en cuenta que esos cuatro años que la separan de la original son más significativos de lo que parece en un principio: a diferencia de la primera parte, esta secuela se estrenó después de la entrada en vigor del Código Hays, por lo que Whale tuvo que sortear la siempre vigilante censura del Hollywood de la época, muy a pesar de que Universal siempre fue un estudio más conservador que el resto. Con todo y eso, el inconfundible reclamo erótico de la creación de un monstruo femenino (uno de los muchos ángulos de la novela original no explorados en la primera parte) es probablemente el tema más transgresor del que la película parte, sobre todo considerando que el guión va más allá incluso de la novela de Mary Shelley, en la que dicha contraparte femenina del monstruo nunca llega a hacerse una realidad.

A pesar de todo hay algunos elementos que muestran la disposición de Whale a crear una película más comercial que su antecesora, principalmente por la inclusión de varios momentos de humor, algunos hechos a costa del monstruo, nuevamente interpretado por Boris Karloff pero que ahora habla, aunque manteniendo el aspecto y comportamiento de bestia que mostraba en la película anterior. Más aún que en la primera parte, el monstruo de Karloff es tratado como un ser trágico, una víctima de su propia condición, que finalmente ve reflejada su propia inhumanidad en el rostro aterrorizado de la mujer que Frankenstein y su nuevo aliado, el siniestro doctor Pretorius, han creado para él. Es este el momento más recordado de la película y aquel que ha trascendido no sólo por la estética de la criatura sino por el contexto en el que se da. 

Por supuesto es imposible no mencionar al menos las numerosas lecturas que se han dado de La novia de Frankenstein y el supuesto contenido homoerótico que muchos críticos han visto en muchos de sus pasajes, tales como la relación entre el doctor Frankenstein y Pretorius (un personaje que muchos interpretan como uno claramente homosexual), o el vínculo que se crea entre el monstruo y el ciego que lo acoge en su casa, así como el constante deseo del monstruo de tener una acompañante femenina con el objetivo de darse a sí mismo una „vida normal“. 

Todas estas lecturas parten por supuesto de paralelismos con la vida del propio James Whale, quien fue un caso especial en el Hollywood de la época ya que nunca tuvo necesidad de ocultar su homosexualidad. De hecho algunos aseguran que fue esa misma honestidad en cuanto a su sexualidad la que finalmente terminó por hundir su carrera como director. Muchos años después, la actriz Elsa Lancaster, quien interpretó a la Novia y que estaba ella misma casada con un actor abiertamente bisexual como Charles Laughton, aseguró que la negativa de Whale a casarse con una mujer para guardar las apariencias fue lo que terminó por exiliarlo de aquella industria que había ayudado a levantar. 

Cierto o no, lo que está claro es que esta fue una de las películas de terror más importantes de su época, y si bien reconozco que con el tiempo he terminado por preferir los logros artísticos de la original, esta segunda parte de Frankestein tuvo una influencia demasiado grande sobre el resto del cine de entonces (y de cualquier otra época) como para no tenerla en cuenta. 

miércoles, octubre 18, 2017

Reseña: Annabelle: Creation (2017)

En el extremo opuesto de calidad de It (2017) encontramos un trabajo como Anabelle: Creation (2017), precuela de la precuela que viene siendo el mejor ejemplo de varios problemas que existen con el cine de terror mainstream de nuestra época, pero que además consigue adoptar otros vicios que al menos de momento yo no me esperaba. Con todo y eso, esta película dirigida por David F. Sandberg, el mismo de la muy eficiente Lights Out (2016), es ligeramente superior a su antecesora inmediata, y de hecho es su (forzada) pertenencia a la saga de The Conjuring (2013) lo que más juega en su contra, ya que limita sus ya de por sí escasas probabilidades en virtud de esas evidentes intenciones por parte de New Line Cinema de exprimir el universo creado por James Wan hasta sus últimas consecuencias.

Olvidando por lo visto la película anterior, esta intenta relatar (una vez más) los orígenes de la muñeca y de cómo esta pasó a ser una fuerza maléfica que se ha cebado con una pareja tras la trágica muerte de su pequeña hija. Aunque los protagonistas en realidad no son estos sino un grupo de niñas de un orfanato que han venido a vivir a esta casa invitados por la pareja para dar nueva vida a su hogar. Tengo que decir que la historia y su planteamiento base son al menos interesantes por sí mismos y que, al menos al principio, prometen un ambiente de terror eficiente gracias a esa combinación entre el estado de aislamiento de la casa y la muy penosa situación por la que pasan las niñas, además del miedo que los más pequeños pueden sentir ante las enfermedades de los adultos. Solamente esto ya hubiese sido un muy buen planteamiento para la trama de una de las crías que descubre la presencia del demonio que habita la muñeca y con ello el secreto que guarda la familia en su pasado.

Si esto queda arruinado es por dos motivos: el primero tiene que ver con las ansias comerciales de la cinta al subrayar de forma ingenua todos sus momentos de terror con subidas de volumen, sustos baratos y demás armas de ese cine de terror de bajas pretensiones que conocemos tan bien, y el segundo con la insistencia por parte del guión de enlazar esta película no solo con la primera parte de Annabelle sino por extensión con todo el universo de The Conjuring. Siendo sinceros, la muñeca en sí no tiene nada que ver realmente con la trama y podría haber estado perfectamente ausente sin que esta se resintiera en lo más mínimo. Por el contrario la cinta no sólo intenta forzar su significado una vez más (incluso, al igual como ocurrió en la película anterior, antes de que dicha muñeca estuviera "embrujada") sino que incluso cuenta con un sonrojante epílogo que conecta sin ningún tipo de sutilezas con la primera entrega, dejando la continuidad con esta bien montada.

Este tipo de estrategia de universo compartido es quizás lo más relevante: las ganas de crear una saga multipolar construida en torno a la obra de James Wan, repitiendo así lo que parece ser la nueva estrategia comercial de los grandes estudios y sus mega-franquicias, algo en lo que todos ellos parecen estar metidos desde que las películas de superhéroes de Marvel demostraran que tal hazaña es posible. En este sentido, la cinta de la que hablamos hoy lo intenta de la forma más evidente posible: una pequeña escena post-créditos ya se encarga de adelantarnos el próximo personaje que pasará por nuestras pantallas en medio de toda esta locura. La segunda entrega de Anabelle puede que no sea lo peor que haya visto, pero es sin duda un trabajo muy olvidable y sobre todo muy inferior a lo que incluso sus propias posibilidades ofrecen. 

lunes, octubre 16, 2017

Reseña: It (2017)

Convertida en el buque insignia del terror mainstream de este año, la nueva versión de It (2017) ha sido un éxito de taquilla fenomenal, algo que no debería sorprender a nadie no sólo porque se ha estrenado en el contexto más apropiado sino porque esta es una película especialmente diseñada y ejecutada para agradar no al aficionado medio de terror sino al público general, con todos y cada uno de los ingredientes que hacen exitosa una película de miedo en nuestros días, para bien y para mal. Con todo y eso, es probablemente una de las mejores y más interesantes adaptaciones de la obra de Stephen King de los últimos años, aunque sea porque en esta ocasión se nota el intenso trabajo que hay detrás y la auténtica voluntad de hacer de esta una película importante, al contrario de lo que tradicionalmente ha ocurrido.

Al igual que su predecesora de 1990, It cuenta la historia del pueblo maldito de Derry, Maine, que es asolado cada 27 años por la presencia de un mal ancestral que devora a los niños locales, y que se presenta ante ellos bajo la apariencia de un macabro payaso llamado Pennywise. Contrariamente a lo que hizo la versión televisiva, esta adaptación comienza de entrada con una decisión muy buena que es centrar la historia única y exclusivamente en la parte del argumento en que los protagonistas son niños y se enfrentan al monstruo por primera vez. Esta decisión no sólo otorga a la trama un único y más manejable arco argumental, sino que le permite jugar con unos referentes de miedo muy básicos que serán fácilmente reconocibles para cualquier público, tanto en lo referente al payaso (un impresionante Bill Skarsgård haciendo un trabajo muy distinto al de Tim Curry y convirtiéndose por derecho propio en una de las mejores cosas de la película) como a ciertos arquetipos más manejados: una muy típica casa del terror, monstruos salidos de pinturas y pesadillas que cobran vida.

Más arriba, cuando mencionaba que esta película se estrenaba en un inmejorable contexto me refería a que justo ahora, en 2017 (curiosamente, 27 años después de la última aparición de Pennywise en pantalla) el hambre de nostalgia por parte del público general y la edad del público objetivo de la primera versión de It aseguraban ya un éxito por otro lado predecible dada la popularidad de series de televisión como Stranger Things, con la que esta cinta se retroalimenta en más de una forma: aparte de contar con uno de los niños del elenco, se podría decir que dicha serie allanó el camino para el regreso triunfal del King clásico a la pantalla, y de no haber existido quizás esta película no habría tenido esta monumental acogida. Tal éxito, sin embargo, ha tenido un precio, que no es otro que el ostentar muchos de los vicios del terror sobrenatural destinado a los grandes públicos: sustos baratos, un uso excesivo de la música, una casi inexistente sutileza en cuanto a sus elementos de miedo, y en general una trama bien masticadita. Eso sí, debo decir que aunque sus responsables hayan eliminado gran parte del trasfondo de los personajes con el objetivo de hacer la trama más comercial y que hayan resaltado la historia de amor entre Bill y Beverly (llegando a convertir a esta en una versión algo molesta de una damisela en apuros), al menos me ha gustado el hecho de que no rompieran el misterio acerca de los orígenes del monstruo, quizás dejando esto para la inevitable secuela.

En definitiva, esta nueva versión de It quizás no llegue a convertirse en un clásico del terror de aquí a unos años, pero está muy bien hecha y tiene algunos momentos brillantes que ciertamente la hacen destacar en el panorama por lo general desolador que suele traer el cine de terror hecho por el Hollywood comercial. Resulta agradable ver, además, una adaptación de King hecha desde el respeto, y me pregunto si su éxito tendrá como resultado alguna especie de revival de otras de sus historias de miedo más populares. Es bien sabido por todos que el autor de Maine se encuentra en este momento enfocado en recuperar los derechos cinematográficos de varias de sus obras clásicas, con lo que esta opción no la descarto del todo. En cuanto a esta, a pesar de todas las quejas que pueda tener por su falta de sutileza y sus sustos fáciles, es una película demasiado bien hecha como para despreciarla; King se merece esto y más.

miércoles, octubre 11, 2017

Reseña: It (1990)

Ahora que su nueva versión se ha estrenado, ha llegado la ocasión perfecta para revisitar It (1990) y con ello volverme a acercar a la que probablemente sea una de las más famosas adaptaciones de Stephen King llevadas a la pantalla, así como una de las películas de terror más populares para la gente de mi generación, una que por algún motivo persiste en el recuerdo de la mayoría como una pieza de miedo auténtica. Digo por algún motivo ya que vuelta a ver hoy en día cuesta creer por qué se la ha tenido en tal consideración, ya que se trata después de todo de una miniserie de televisión hecha en su momento para un público general y con muy escasas concesiones al género de terror incluso de esa época. Y sin embargo, esta obra de 1990 contiene muchos elementos que la hacen realmente atractiva no como historia de miedo sino como relato oscuro de aventuras, que es donde está realmente su fuerza.

Para aquellos que no estén familiarizados con ella, It es también una de las más emblemáticas novelas de King, publicada cuando el autor de Maine estaba en el punto más alto de su carrera como escritor best-seller, y que contiene además casi todos los ingredientes con los que es conocido: horrores ancestrales, la historia de un pueblo maldito (el ficticio poblado de Derry, que volvería a aparecer en varias de sus obras) y una exploración de miedos atávicos que hoy en día se han vuelto clichés como son la presencia de los payasos como iconos del terror, algo en lo que esta historia sin duda colaboró y que tiene en el trabajo de Tim Curry como Pennywise el que probablemente sea el elemento más recordado de esta miniserie.

Pero es un error centrarse únicamente en ello porque si bien el trabajo de Curry es impresionante e inyecta una enorme vitalidad en un producto que hubiese sido condenado a la medianía de no contar con él, lo que hace interesante a esta historia es para mí su estructura. Esta miniserie de tres horas está dividida en dos partes: una primera mitad que se enfoca principalmente en los personajes cuando son niños, y una segunda parte centrada en los mismos personajes ya de adultos, cuando deben enfrentarse nuevamente a Pennywise treinta años después. Hay que decir que la primera mitad, aquella de los niños, es muy superior a la segunda parte, quizás porque al ser una historia de terror con personajes muy jóvenes se hace más perdonable la ligereza con la que la miniserie aborda una historia por lo demás escalofriante acerca de un pueblo que vive una terrible maldición cada tres décadas y que implica niños muertos. Esta ligereza de la que hablo se extiende también a la figura del payaso, con el que Tim Curry consigue un magnífico trabajo que sólo es terrorífico por nuestro recuerdo infantil, ya que en pantalla se ve más cómico y no tan genuinamente perturbador. La figura de Curry, sin embargo, se ha convertido por derecho propio en la imagen más reconocible no sólo de esta miniserie sino que su influencia se ha extendido hasta la propia novela, ya que casi todas las ediciones que se publican de esta resaltan la imagen del payaso a pesar de que este es sólo una de las formas del monstruo y está de hecho algo sobredimensionado tanto en la miniserie como en la nueva película que se acaba de estrenar.

La segunda parte de It, aquella con los adultos, ya no es tan interesante sobre todo porque al abandonar el ángulo infantil se hace muy evidente el escaso énfasis en historia de terror y los muy sonrojantes momentos en los que puede caer. Todavía hay aspectos positivos en esta segunda mitad a nivel de historia, aunque me temo que estos sean mérito de la novela, la cual admito que leí hace ya un tiempo. Con todo y eso, es increíble como esta miniserie ha persistido en el recuerdo como un miedo de infancia de una generación específica que ha sabido perdonarle todas sus innegables carencias gracias sobre todo a su sentido de maravilla y su esquema de oscura aventura juvenil, haciendo que muchos terminaran de acercarse no sólo a la novela sino a la obra de King en general. Es una obra que se ha ganado su puesto aunque, tal como ocurre con la maldición de Derry, Pennywise haya tenido que regresar veintisiete años después. De ello hablaremos en la próxima entrada.

lunes, octubre 09, 2017

Reseña: Rings (2017)

En el mundo de las secuelas innecesarias, Rings (2017), tercera entrega de la saga americana, partía con muy mal pie teniendo en cuenta no sólo el desastre que fue su antecesora inmediata, sino también por los doce años que la separan de esta, con lo que estamos ante una continuación tardía que ciertamente nadie pidió. La cosa pintaba aún peor si consideramos que esta fue una película que estuvo engavetada durante dos años hasta finalmente tener un estreno limitado por el que pasó con más pena que gloria, por lo que ya os podéis imaginar las muy bajas expectativas que tenía en su momento. Esto sin duda tiene que haber funcionado en su favor, porque lo cierto es que no la encontré tan terrible como había esperado, y con todo y sus innegables carencias, es al menos mucho mejor que la infame segunda parte, a la cual ignora por completo y con la que no parece tener ningún tipo de continuidad.

Tal cual: en lo que probablemente sea un esfuerzo por rentabilizar la única entrega realmente popular, Rings es una secuela directa de la primera película, que se salta la segunda parte como si esta nunca hubiese existido y que incluso reinventa algunos puntos clave en la historia de la niña fantasma Samara Morgan, cuyos orígenes son explorados en gran detalle por una pareja de jóvenes que deben descifrar un mensaje oculto en la famosa cinta de vídeo maldita, un vídeo-dentro-del-vídeo con nuevas imágenes y un nuevo secreto a descubrir. Atrás quedó, sin embargo, la famosa regla de los siete días, lo que elimina el factor de carrera contra el tiempo que era sin duda uno de los más efectivos e inquietantes elementos de la original.

Por otro lado es una buena idea que se haya abandonado al menos en parte el tema de la maldición viral ya que hay ciertos elementos estéticos de la película que simplemente no tienen nada que ver con nuestra época, no sólo las cintas de VHS sino también la imagen de estática de los televisores (que me pregunto si el público más joven al que está dirigida esta película conocerá siquiera). En este sentido es de agradecer que al menoel guión haya intentado explorar una trama con ideas distintas y que no se haya limitado simplemente a copiar aquello que funcionó la primera vez. Por desgracia el resultado es una película de terror muy convencional con los típicos sustos repentinos y un secreto del pasado que se va resolviendo a fuerza de visiones y otros métodos tramposos de exposición, así como un Vincent d'Onofrio cuya sola aparición ya adelanta lo que va a pasar más adelante y cual será la resolución del conflicto.

Con todo y eso, quizás mi clemencia hacia Rings tenga más que ver con lo mucho más tragable que me pareció en comparación con The Ring 2 (2005), aunque no deja de ser algo muchas veces visto. No tengo la menor duda de que la distancia temporal con respecto a sus antecesoras ha tenido como consecuencia que esta haya pasado como una película de terror del montón, lo cual es una lástima porque aquella obra de Gore Verbinski de 2002 es, como todos sabéis ya, una de mis películas de terror favoritas de todos los tiempos, y una que sin duda alguna se merecía más que una muy pobre continuación con un joven elenco de desconocidos y todos los vicios del terror mainstream actual al que alguna vez ayudó a dignificar.

miércoles, octubre 04, 2017

Reseña: El juego de Gerald (2017)

En una época en que el cine de terror mainstream parece estar más interesado en revisitar adaptaciones anteriores de Stephen King, el estreno de El juego de Gerald (2017) cae como una sorpresa. Por partida doble además, ya que se trata de uno de los libros más difíciles de adaptar del autor de Maine, y no habría apostado por ello de no ser porque el responsable tras las cámaras es Mike Flanagan, de quien ya hemos recomendado varios trabajos en esta página. Contra todo pronóstico, se trata de una adaptación bastante fiel, y aunque se queda corta en algunos aspectos, se trata en general de un trabajo muy sólido que al menos entiende de forma muy clara cuáles eran los temas que trataba la novela de King más allá del morbo de su premisa inicial.

Esta premisa, para aquellos que no conozcan la novela (cosa nada extraña ya que es una de las menos conocidas de King) trata acerca de una pareja que intenta recuperar su vida sexual pasando un fin de semana en una cabaña apartada de la civilización, donde el marido quiere poner en práctica una fantasía de violación a la que su mujer accede con ciertas reservas. La verdadera película de terror comienza cuando el marido sufre un infarto mientras su esposa está esposada a la cama, por lo que ahora la protagonista debe buscar la manera de sobrevivir y escapar de su inesperado cautiverio enfrentándose a la sed, el desgaste mental, alucinaciones y la inquietante presencia de un perro hambriento cada vez más osado. 

Como decía arriba, en general se trata de una muy buena adaptación que ahonda en lo que es realmente importante, que no es otra cosa que el estudio del personaje principal y el cómo su situación funciona como una liberación no sólo de su cautiverio físico sino psicológico. La idea está muy bien planteada y se hace respetando en gran medida la obra original, tanto en los diálogos (muchos de ellos calcados del libro) como en el universo particular de su autor incluso en sus facetas más desagradables como esa visión del sexo como posible arma de subyugación. Una de las mejores decisiones de Flanagan en este sentido ha sido el abandonar en gran medida la representación realista de la trama y optar por mostrar en pantalla el desdoblamiento psicológico del personaje principal, incorporando una segunda Jessie y un segundo Gerald que interactúan con ella pero que sólo existen en su mente, lo cual hace dudar al espectador de aquello que estamos viendo. Este juego ya había sido empleado por el director en su anterior película Oculus (2013), aunque de otra manera.

Los problemas que puede tener El juego de Gerald se deben, en mi opinión, a una cuestión de formato, desde las aspiraciones comerciales de una película hecha para Netflix hasta la necesidad de hacerla más digerible para un público general. Es sin duda más osada que la mayoría de las adaptaciones que he visto de King, y aunque no vaya a ser una de las mejores, sí creo que es una que será más apreciada con el tiempo. Con todo y eso me hubiera gustado ver a un Flanagan más desatado y formalmente atrevido, sobre todo para poder apreciar a una actriz como Carla Gugino, absoluta protagonista que tiene en esta película uno de sus mejores trabajos hasta la fecha. Recomendable sin duda. 

viernes, mayo 26, 2017

Reseña: Alien: Covenant (2017)

A pesar de que se ha ganado un buen puñado de críticas positivas a su paso por la cartelera, en lo personal no puedo dejar de ver Alien: Covenant (2017) como un fracaso de nosotros como espectadores y una prueba palpable de que no siempre hay que darle al público lo que el público (cree que) quiere. En cierto sentido también es la muestra de un director como Ridley Scott capitulando ante las críticas de Prometheus (2012), una cinta que en retrospectiva he terminado apreciando más y que pese a su caótico desarrollo y sus innegables problemas, al menos tenía la virtud de querer hacer cosas nuevas y explorar ideas distintas, las cuales son dejadas casi completamente de lado en esta secuela con el único objetivo de dar al público otra película de Alien (1979) con los mismos elementos que la hicieron famosa. El resultado es atractivo, sin duda, y con el dinamismo y la calidad que podemos esperar de alguien como Scott, pero también es una película mucho más convencional y cuyas mayores virtudes se sienten muy vistas ya.

La película parece entender esto y ya desde el principio parece empeñada en corregir el rumbo de la saga hacia derroteros más acordes con lo que el público esperaba de ella: si eres de los que esperaba conocer lo que se anunciaba al final de Prometheus y ver respondidas aquellas preguntas acerca de los Ingenieros y el por qué deseaban acabar con la raza humana, pues lamento decirte que te vas a quedar con las ganas porque nada de eso se explora aquí. Por el contrario, Alien: Covenant se centra en otro grupo de exploradores humanos con su propio drama y su propio objetivo, y una vez que se retoma el argumento de la película anterior, el guión se encarga de despacharlo en un par de escenas y seguir su propio camino hasta desembocar en la aparición del xenomorfo clásico. Cuando esto ocurre la película se vuelve, en mi opinión, mucho menos interesante y se dedica simplemente a repetir el mismo esquema de las anteriores sin prácticamente ninguna variación.

A pesar de que la fotografía y la estética están al mismo nivel de entregas anteriores, hay una seria falta de consideración a la hora de montar un argumento interesante. No hablo aquí por supuesto de las decisiones tontas por parte de los personajes o de la muy poco creíble forma de actuar de lo que se supone son un grupo de científicos espaciales, sino de que el mayor número de persnajes (es decir, víctimas) de la película ha hecho que estos sean menos importantes y dibujados apenas con un par de brochazos que en ningún momento serán explorados. Esto es tremendamente evidente durante el tramo final, cuando la película se convierte en un slasher film del montón y en un enfrentamiento con la criatura en los pasillos de la nave muy predecible y sin nada de la tensión que lograron otras entregas. Tampoco ayuda la insoportable protagonista que se pasa media película llorando. De hecho, el único que salva esta historia de la mediocridad es, una vez más, Michael Fassbender en un doble papel que es por un amplio margen lo más destacable de la película y a quien parecen haber dado las mejores líneas de diálogo y los mejores momentos de una cinta mucho más trash de lo que había esperado.

Por supuesto, muy probablemente no estéis de acuerdo conmigo, visto que ya incluso Prometheus parecía dividir al público de forma irreconciliable. Así que si lo que estáis buscando es simplemente otra película de monstruos que repita los esquemas clásicos de Alien aunque sea de forma superficial, quizás veáis esta entrega de una forma más positiva. Si por el contrario estáis esperando algo distinto que explore las ideas que su antecesora contenía acerca de la creación y la mitología de ese universo que Scott nos había presentado, me temo que os llevaréis una gran decepción. Por mi parte, a pesar de sus innegables logros técnicos y del hecho de que se trata de una película aun así bien hecha, la idea de un director veterano como Ridley Scott forzado a tirar por la borda todas sus ideas y reconducir todo a algo más convencional simplemente para darle al público lo que quiere es algo que me deprime, así que me es imposible recomendarla.

miércoles, mayo 24, 2017

Reseña: The Innocents (1961)

Teníamos una deuda pendiente desde hace ya casi una década, y es que The Innocents (1961) debió haber sido reseñada hace mucho tiempo por una infinidad de razones. La primera de ellas es que su popularidad ha llegado a convertirla en una referencia incluso para aquellos que nunca se han acercado a la novela de Henry James en la que se basa, Otra vuelta de tuerca. Aquellos que sí lo hayan hecho coincidirán conmigo en que se trata de una adaptación relativamente fiel, aunque el argumento y los diálogos siguen mucho más de cerca a la adaptación para teatro escrita por el británico William Archibald, que es de donde proviene el título de la película en inglés. Aquel que le pusieron en castellano, Suspense, nunca me ha gustado mucho.

Al igual que en la novela de Henry James, una mujer viaja a una enorme mansión donde deberá trabajar de institutriz para dos niños marcados por un padre ausente y una siniestra historia acerca de los antiguos sirvientes de la casa. Ya desde el principio la película funciona gracias a su espectacular atmósfra con esa enorme casa (una locación real) aprovechada de forma muy eficiente por el director de fotografía Freddie Francis, con largos planos sosteidos carentes de todo efectismo Gran parte de este ambiente viene dado también por las actuaciones, no sólo de la protagonista Deborah Kerr sino también de los niños, en especial de joven Martin Stephens, a quien ya conocemos de la versión original de El pueblo de los malditos (1960). La presencia de Kerr (una de las actrices británicas más conocidas de los años cincuenta) le da cierto aire de legitimidad a la película, pero su argumento y ambiente son de auténtico cine de terror, muy en la línea del estilo que el cine británico mantiene incluso hoy en día.

Lo cierto es que la importancia de The Innocents no radica sólo en su muy buen manejo del miedo y lo genuinamente inquietante de su ambiente ya que después de todo, para 1961 ya el género de casas embrujadas y terror gótico estaba más que asentado. Pero fue esta película, junto con la americana The Haunting (1963) una de aquellas obras que ayudó a dar prestigio a las historias de caseríos oscuros habitados por fantasmas, alejando a este tipo de cine de aquellos trabajos más dados a la explotación y al horror explícito. De hecho, uno de los principales objetivos del director Jack Clayton fue hacer todo lo posible para alejar a su película del estilo y la estética de los trabajos de terror gótico de la Hammer Films, que en aquel momento eran muy populares. Como ya mencionaba arriba, los personajes de los niños son probablemente lo mejor, y es sorprendente descubrir que la película no huye de mostrar aquellos temas sensibles que precisamente por el hecho de incluir niños son considerados un tabú cinematográfico: al igual que en la novela en la que se basa, esta adaptación ostenta un subtexto de perversión y de sexualidad malsana que está presente en todo momento tanto en la reprimida institutriz protagonista como en los muy dañados niños que tiene que cuidar.

Así que entre la lista de clásicos del terror que siempre se mencionan a la hora de hablar de cine de miedo fundacional, esta es una cuya fama está más que justificada. Su origen literario y su negativa a rendirse a golpes de efecto que hoy en día son un lugar común puede hacer dudar a algunos, pero vale la pena ya que resulta todavía superior a la mayor parte de historias de casas embrujadas que vinieron después. La novela de Henry James ha sido adaptada en muchas ocasiones, y su influencia se deja ver también en otras historias muy similares como Los otros (2001) de Alejandro Amenábar, pero esta sigue siendo la mejor que se ha hecho y una de esas infaltables que de vez en cuando rescatamos aquí.

lunes, mayo 22, 2017

Reseña: The Boy (2016)

Tengo que reconocer que a la hora de ver The Boy (2016) hubo dos circunstancias que influenciaron en gran medida mi apreciación por la película. La primera de ellas es que había leído y escuchado sólo opiniones negativas desde el momento de su estreno (el cual no vi teniendo en cuenta que en mi ciudad no se estrenó ni una copia en versión original) y la segunda es que antes de verla ya sabía cual era el giro sorpresa de la trama, porque alguien me lo había arruinado mucho tiempo atrás. Estas dos cosas hicieron que comenzara a verla casi esperando lo peor, y a pesar de que efectivamente no considero que sea una gran cinta de terror ni mucho menos, sí que tiene cosas interesantes, sobre todo al principio. Esto quizás sea más decepcionante aún, porque estamos hablando de unas ideas muy buenas y un potencial enorme desperdiciado por culpa de un manejo del horror muy visto y sobre todo una conclusión terrible.

El principal potencial que le veo, y que ya se veía muy atractivo desde el trailer, es la premisa: una joven americana que viaja a Reino Unido para trabajar de niñera para una adinerada pareja en una mansión en medio del campo, y que se da cuenta al llegar de que el crío al que tiene que cuidar es en realidad un muñeco de porcelana al que los padres tratan como si fuera humano. Tanto la pinta del muñeco como la casa y la actitud de los padres hacia él resultan muy inquietantes, por lo que ya de entrada la idea principal tras el argumento era algo que estaba más que dispuesto a ver. Incluso durante su desarrollo hay momentos que demuestran cierta inteligencia, principalmente todos aquellos en los que está la protagonista sola con el muñeco y vemos su reacción ante los hechos misteriosos que poco a poco van ocurriendo. Todas estas escenas a decir verdad parecen sacadas de una película distinta y mucho más cercana a lo que debió haber sido la idea principal del guión y menos como una cinta de terror comercial al uso.

Por desgracia nada de esto se mantiene por mucho tiempo y la inclusión de dos personajes masculinos (el segundo de los cuales se presenta de forma repentina en el tercer acto en una de las entradas más previsibles y ridículas que he visto en mucho tiempo) arruinan un poco la experiencia porque realmente no aportan nada a la narración más que un muy innecesario contrapunto a las interacciones de la chica, como si hubiesen pensado que el público no sería capaz de seguir con interés una historia en la que hubiese un único personaje y nadie que le estuviese constantemente explicando el trasfondo de la trama. Es una lástima porque podía sentir como mi interés bajaba en cada momento que no se tocaba la relación entre la joven y el muñeco, por lo que hacía falta la forzada introducción de un trauma del pasado y una relación amorosa conflictiva que, tal como mencionaba antes, se resuelve en el tercer acto de una forma que sólo puede mover a la risa.

El giro final de la trama, que no voy a mencionar aquí, es cuando finalmente sabemos qué es lo que ocurre en la casa y la verdadera naturaleza del muñeco. Como decía al principio, ya lo sabía de entrada antes de comenzar a verla, por lo que no puedo decir si resulta previsible o no. Lo que sí puedo decir es que tampoco está nada aprovechado y que en el contexto de una película tan banal como esta se prestará a una gran cantidad de chistes, además de que vuelve confusas y contradictorias algunas de la reglas que la película ha establecido antes. Todo esto me convence aun más de que The Boy tenía un potencial muy grande que quizás no fue el más apropiado para una cinta mainstream con actores televisivos, sustos falsos y ambientación predecible. Una pena porque podría haber sido una entrada en el tema de los muñecos inquietantes mucho más digna de lo que solemos encontrar, y al final ha resultado ser de lo más olvidable en años. 

lunes, mayo 15, 2017

Reseña: I Spit on Your Grave 3 (2015)

En virtud del completismo y aprovechando que la tenía al alcance de la mano, decidí darle una oportunidad a esta tercera entrega de I Spit on Your Grave (2010), muy a pesar de que la segunda parte, que reseñamos aquí hace poco, no me había dejado lo que se dice muy impresionado. Guardaba sin embargo algo de esperanzas para esta tercera entrega, ya que I Spit on Your Grave 3: Vengeance is Mine (2015) al menos retomaba al mismo personaje de la primera parte, Jennifer Hills, y aunque ya no tenía al mismo director al menos auguraba una historia un tanto distinta que rompía con el esquema establecido por sus antecesoras. Al final es cierto que intenta ser diferente, pero también es sin duda alguna la peor de la trilogía y hace que a su lado la segunda parezca mucho mejor de lo que es.

No creo que le arruine la sorpresa a nadie si digo que esta tercera parte ya no es en realidad una película de terror sino más bien una historia de vigilantismo muy en la línea de aquellas que solía hacer Charles Bronson durante los ochenta, pero con menos gracia. Esta vez Jennifer Hills ha decidido cambiar de nombre y de vida y refugiarse en un grupo de ayuda mutua de personas que intentan superar su experiencia de abuso sexual, hasta que la muerte de una amiga a manos de un depredador termina de empujarla a cometer una nueva ola de asesinatos con los que intenta reparar estos crímenes de forma un tanto torpe. Creo que ya de entrada esta fue la primera decepción que me llevé con la película, ya que a pesar de que está interpretada por la misma actriz (Sarah Butler, lo único bueno de la cinta, a decir verdad) el personaje de Jennifer parece aquí completamente distinto, mucho más débil y menos resuelta de lo que parecía al final de la primera entrega, y más allá de las fantasías de violencia que tiene día a día, parece como si tuviera que redescubrir su brutalidad desde cero, con lo que prácticamente no queda nada de aquella aprendiz de Jigsaw que habíamos visto la última vez. 

Las limitaciones de guión y formato hacen además que esta sea una película mucho menos elaborada que la anterior y considerablemente menos explícita en cuanto a violencia, así que olvidémonos de aquellas crueles muertes que veíamos en la primera parte. Aquí por el contrario se trata de algo mucho más convencional y de hecho sólo hay una muerte realmente destacable que implica una felación/castramiento que seguramente habréis visto ya porque ha sido utilizada en numerosos gifs aunque no sepáis de qué película se trataba. Pero es que incluso esta muerte está hecha de tal manera que más bien parece un chiste hecho a costa de la víctima masculina, un tratamiento humorístico presente en casi todas las muertes de la película, lo que resta seriedad al conjunto y hace que parezca más bien una parodia de la original. 

El único elemento interesante de I Spit on Your Grave 3 es precisamente uno que comentábamos arriba acerca de las fantasías de poder de la protagonista y su posibilidad de que los crímenes que vemos no sean reales, pero la película nunca se decide por un lado u otro de esta idea por lo que todo queda algo difuso. Pero incluso aunque fuese así, eso no haría sino dejar aun más evidente que estamos ante una secuela muy inferior que minimiza y banaliza los logros de la primera. Al menos la segunda, pese a que era más de lo mismo, podía tomarse un poco en serio, cosa que en este caso resulta difícil.